18 – Crónica – Ensayo

Visita del escritor Vicente Haya

vicentehaya  aware

Licenciado en Filosofía y Letras, Universidad de Granada, en la especialidad de Historia de las Mentalidades en la Edad Moderna Europea (ss. XVI-XVIII). Doctor en Filosofía Pura, Universidad de Sevilla. Su tesis obtuvo la calificación de “cum laude”. Pertenece desde el año 2002 al grupo de investigación HUM 153 de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla y actualmente coordina el Master de Religiones de las Tres Culturas (MATREM) de la misma universidad.

Traductor de poesía japonesa y discípulo de Reiji Nagakawa. Afincado en Barcelona, imparte cursos de introducción al haiku. También es profesor eventual en la Universidad Nacional a Distancia desde 2005 y conferenciante especializado en diálogo interreligioso. Organizó, en Barcelona, cinco congresos sobre el tema del Islam y su adaptación en Europa; así mismo, en la Universidad de Cuenca cinco Cursos de otoño en los que se trataba de acercar la realidad oriental al público occidental. Ha dado ocho cursos de introducción a la poética japonesa (La Laguna, Barcelona, Sevilla, Madrid y Albacete); y ha impartido más de 90 conferencias.   Se destaca su participación como ponente en el Parlamento de las Religiones del Mundo, que tuvo lugar en Barcelona durante el 2004.

Es autor de Haiku-dô; Aware, Iniciación al haiku japonés; Saborear el agua: 100 haikus de un monje zen; Haiku: la vía de los sentidos; Haikus japoneses de vuelo mágico; El espacio interior del haiku; El monje desnudo: 100 haikus; El secreto de Muhammad; El Islam no es lo que crees; Islam sin Dios. Es autor de más de treinta libros sobre niponología e islamología.

Un borrador, a modo de ensayo

cerezosEn la revista estaba planeado presentar la obra de tres exponentes colombianos del Haiku. Se presentó la coincidencia de que la Embajada de Japón en Colombia y la Japan Foundation  –con los buenos oficios de Juan Felipe Jaramillo, director de Haiku-do Medellín–, se dignaron enviar al escritor Vicente Haya para acompañarnos durante tres días con charlas acerca del haiku.

El taller Haiku-do Medellín, lo acogió en el Parque Explora de Medellín, contiguo a su lugar habitual de reunión: El Planetario (el segundo sábado de cada mes).

Vicente escribe haikus, y los regala; parece que no los ha publicado, al menos con su nombre. Por esta razón, y al no poder presentar su obra, como un homenaje, trataremos de hacer un bosquejo de algunas enseñanzas dadas por él, durante las tres reuniones (a las que asistimos más de 60 personas), complementando lo captado con varios de los “88 rasgos del haiku” contenidos en su libro: Aware, iniciación al haiku japonés.

Antecedentes

Los cuatro exponentes del haiku, en Japón, son: Bashô, el iniciador (la solemnidad), Buson (la modestia), Issa (la subjetividad) y Shiki. Hay otros como Onitsura,  Santôka, Chi Yo Ni…

Todo lo nuestro acerca del haiku, en español, fue aprendido a través de Juan José Tablada, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Mario Benedetti… ¡Pero..!, nos enseñaron cosas distantes de la realidad.

Vicente Haya es considerado el mayor experto de haikus en lengua castellana:

“El haiku es como es, porque sirve para lo que sirve”.

Repartiremos el escrito en cuatro secciones: ¿Qué no es un haiku?, espiritualidad en el haiku, arte en el haiku y, finalmente, ¿qué es el haiku?

  1. ¿Qué no es un haiku?

. No es literatura, ni aspira a belleza literaria, pero puede incluirla. No es un poema breve. Debe hablarnos del mundo y no de su autor, ni siquiera insinuarlo.

. No es un poema de 17 sílabas y tres versos. (Koke musu niwa no iwashimizu = el sonido del agua, entre las piedras del jardín cubiertas de musgo –Tsuji yoshie). Es un haiku “perfecto”, en japonés, con 12 sílabas y menos de tres versos). En la práctica se utilizan desde 8 a 23 sílabas (¡debe ser breve, conciso!). El japonés es un lenguaje arcaico, onomatopéyico; se escribe pegado, un verso corrido, escrito en una línea vertical. Las palabras varían en significado según los ideogramas utilizados.

En el Japón existen 4 poemas o estrofas que pueden contener 17 sílabas (5-7-5): El Senryu (cómico o festivo) (Me encontré frente a un muro/ y en el muro un letrero,/ aquí empieza tu futuroOctavio Paz, Premio Nobel de Literatura).

El zappai (ocurrencia) (Cuando muera/ me entierran/ con un bolígrafo –Mario Benedetti). El título de su libro: El rincón de haikus, “en una ofensa para el Japón”.

El poema corto (preciosismo) (Hoshi sude ni aki no manako o hirakikeri: las estrellas súbitamente/ abrieron sus ojos/ de otoño – Kôyô).

Y, cuarto, el haiku (serio).

. El haiku no debe llevar el yo, aunque puede estar de forma pasiva, sin ser protagonista, sin tener importancia; el yo elimina el aware (el asombro). (Hitori de ka ni kuwarete iru: A solas, un mosquito/ está alimentándose/ de mí – Santôka).

. No debe ser demasiado descriptivo, mucha narración, como una película.

. No es una fotografía, es mucho más que eso: (en este primer chubasco/ cualquiera sabe dónde está el bambú/ al alba – Chiyo-Ni).

. No es un jeroglífico, no contiene simbología oculta. No es cuestión de si es bonito o es feo, es saber si es o no haiku. (Crunch, crunch/ la mantis se come/ la cara de una abeja – Tôkô).

. No califica al haijin (el poeta que “hace” haikus), o a la escena (no servimos para nada/ ni yo ni ese arbusto/ el cuco…–Issa), como sí lo hace esta estrofa.

. No es imaginar, proyectar; o utilizar la naturaleza para explicar sentimientos, deseos o vanidad. No es metafísica ni filosofía. No es poesía zen. En el haiku no hay nada metafísico, solo lo que está, lo que existe. (¡Qué santidad/ la del hombre que ante un relámpago/ no despierta a la realidad! – Bashô). Es algo diferente a lo que se expresa aquí, no es reflexivo, el haijin no comprende nada, ni antes ni después de hacer su haiku.

  1. Espiritualidad del Haiku

. En Japón todo es corporalidad; no hay fractura entre cuerpo y alma. La espiritualidad está dentro de las religiones y fuera de ellas, ¡no hay diferenciación! Para el japonés, el mundo es esa realidad donde no se manifiesta lo sagrado –que el pensamiento humano jamás podrá capturar–. El haiku es imagen, no reflexión. (Primavera en la choza:/ precisamente porque no hay nada/ allí hay todo – Sôdô). Esta estrofa comunica una idea, un pensamiento; y filosofar es un engaño, el yo).

. Aparte del haiku japonés los demás no es que no sirvan, lo que sucede es que no se sabe para qué sirven. Los poemas de Borges, sin ser ofensivos para la sensibilidad nipona son, sencillamente, Borges en 5-7-5. (¿Es o no es/ el sueño que olvidé/ antes del alba? – Jorge Luis Borges).

Lo que sucede ahí afuera (de mí) es sagrado. Lo que pasa, lo mínimo que ocurre es trascendental. Hay que naturalizar al ser humano, no humanizarlo. El haijin está al servicio de la naturaleza, no al contrario –Basho puso fin al juego del haiku arcaico (antinatural): (la nube, una serpiente/ que se traga/ a la rana-luna– Teitoku)–, y para ello se necesita corazón, atención y entrenamiento.

. La espiritualidad en Japón no se expresa con palabras; no habla de lo sagrado, lo contiene; busca el silencio y no lo destruye. El reto del haijin es decir los silencios con palabras, algo que no se puede traducir. Como los insectos (las abejas, las hormigas…), los japoneses tienen una comunicación no verbal. El haiku es espíritu de shasei (reflejo de vida), y su ámbito son las cosas materiales. (Hecho pedazos por la nieve/, ha vuelto a ser como antes:/ el esqueleto del paraguas –Shôi).

  1. El arte en el haiku

. Un haiku debe ser sencillo, no es un enigma: (las hormigas suben por una hoja de hierba… y en seguida bajan  –niña de 6 años).

. No hay plagio en los haiku parecidos. Los aware son distintos y al  desaparecer  el “yo del poema”, no importa quién lo haya hecho. Deteniéndose en la campana del templo/ duerme/ una mariposa –Yosa Busón siglo XVIII); Deteniéndose en la campana del templo/ reluce/ una luciérnaga –Masaoka Shiki, siglo XIX y XX).

. El aspecto visual es importante para el japonés; también el aspecto auditivo y la piel. (El viejo estanque./ Una rana salta dentro./ El sonido del agua. –Matsuo Bashô (traducción: Alberto Manzano y  Tsutomu Takagi)). Otras veces se escucha antes de leerlo, hay palabras con sonidos iguales pero diferente significado. El japonés no posee los signos ortográficos del español, entonces los kirejis (las cesuras, las pausas), los realiza cada lector; de aquí surgen tantas lecturas diferentes. Con los ideogramas se presentan varias interpretaciones que la traducción al español no puede darnos.

Seiten ni ariake-zuki no asaborake. Literalmente sería: En el cielo despejado/ la pálida luna/ al alba.

En el ideograma está cinco veces el radical “Luna”, en cuatro palabras. Separándonos de la literalidad, quedaría: (En un cielo despejado/ al alba, una pálida/ Luna Luna Luna –Kyorai).

. El kigo (la palabra que indica una de las cuatro estaciones o el año nuevo) es importante, pero no indispensable si el poema tiene el haimi: el sabor a haiku, el ritmo interior. El haimi es la esencia del haiku. (Pesada puerta/ de la entrada principal-/ Atardecer de primavera – Buson).

. Se debe buscar la libertad, sin metáforas, sin figuras literarias, sin analogías, buscando la excelencia: (Ha venido el otoño/ la sombra de la hierba dice/ chi chi chi chi – niño de 5 años).

. El haiku debe tener ritmo, ¡un ritmo interno!: (Ushi/ mô mô mô to/ kirikara/ setarikeri: Mu mu mu/ la vaca sale/ de la niebla –). Y es fundamental la armonía del mundo (wa); todo en Japón es una armonía “la armonía de los ángulos de un triángulo es 180 grados”. (Primer día del ciclo anual–/ Da comienzo la unión/ del Cielo y la Tierra –Shiki).

  1. ¿Qué es el Haiku?

. Es una forma cultural que te interpela: –¿Cuánto estás?–, ¡como un “notario” de la realidad! Es parte de un proceso espiritual; el autor debe tratar de desaparecer para hablar, solo, del mundo. Es, algo así, como escribir una sinfonía. Es retomar la inocencia. Comunicar un asombro con palabras fáciles de comprender. (Barrio de Shimogiô–/ La lluvia nocturna/ sobre los montones de nieve –Bonchô).

. Es una instantánea de la realidad, del asombro y, también, podría ser un recuerdo de ese aware, pero sin destruirlo. Mostrar el asombro, no pensarlo. Debe reflejar, lo más fielmente posible, esa conmoción profunda (el aware) por algo que sucedió ante nosotros. Rechaza la metáfora, el símbolo, la vanalidad, la necesidad de contar algo. Es el arte de la modestia. Todo árbol, toda flor, toda cosa… tiene nombre. Debe haber un suceso que, al ser capaz de conmover a un corazón, pueda ser expresado en palabras. Cualquier evento mínimo, como el traspié de un siervo en la nieve, puede causar asombro. (Las patas delgadas del siervo/ dan un traspié… /la nieve roja de otoño – Haku -Un).

. Hacer un buen haiku es como cocinar*: Son necesarios los *ingredientes (2,3,4…: los principales + algún condimento). El buen cocinero sabe cocinar “de vista”: mezclar, combinar, hacer recetas nuevas… El *paladar del lector debe probar el haiku y sentir el aware (el asombro), el haimi (el sabor), el wawi sabi, (el “sabor de belleza triste”…: ¡ese estado natural de las cosas! ). (Tera fukaku take kiru oto ya yûshigure = En los confines del templo/ se oye cortar bambú -/ Lluvia fina en la noche –Sihôha). Seis ingredientes: Tres esenciales (bambú, lluvia, noche,) + el sonido del hacha (permitido por lo fino de la lluvia) + el leñador (pasivo, pero existente) + una esencia, el templo, no necesaria pero que le da ese halo de espiritualidad, de autenticad, de…

. Cada cosa tiene cabida en el haiku: lo sagrado, el principio vital, lo que simplemente existe y cause una fuerte impresión y sea motivo de asombro. Al haijin lo asombra el paso del tiempo sobre los seres, la energía dinamizadora de lo sagrado. (Se va endureciendo/ el excremento del pájaro mejiro–/ Aproximándose el invierno – Saisei).

. No todo se debe decir, el haiku debe sugerir, no debe tener elementos de más. El haijin debe contar el cuándo y el cómo sucede el asombro. Todo haiku tiene un corazón, un eje, a veces una palabra, su naturaleza oculta, el orden de las escenas… Por más explicaciones que se den, el buen haiku tiene un “pellizco” inexplicable. (Al morir el tsugumi (tordo)/ dejó sus alas abrirse/ por última vez –Seishi). El haiku no se explica, se ofrece. El lector debe imaginar la escena. Con decirle a un niño que pinte “nuestro haiku” se sabrá si es claro, si es un buen haiku, o si no es…

. La palabra “yo”, del poeta, su vanidad, destruye el haiku. El camino a la extinción del yo exige hacer un silencio interior. El mundo es aquello que ocurre indiferente a la conciencia que el hombre tenga de él. Se trata de comenzar un viaje, un haiku nos debe llevar de la mano a mostrarnos varios paisajes, ¡al menos uno! (Las abejas vuelan, las hormigas caminan/ ha llegado la primavera –niño de seis años).

Los japoneces no elogian un haiku, no lo critican, lo alientan, lo publican; al preguntarle a los japoneses: ¿Qué sienten, qué opinan, de un haiku? responden mmmm. Editan anualmente 1.000.000 de haikus.

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. ¿Haiku es, entonces, una expresión de la cultura japonesa: La poesía relacional, armoniosa, breve y seria que comparte la realidad de cada asombro (aware), incluyendo lo sagrado que está implícito en la corporalidad, en la piel y en los sentidos?

¿Seremos capaces de “iniciarnos” en ese cambio hacia la armonía del mundo, y expresarlo con haikus?

Para finalizar la receta comenzada, hablar de arte y de nuestra identidad, nuestro idioma español debería permitirnos *servir el plato: presentarlo con “la forma” inherente a nuestra prosa; porque la “belleza estética” no riñe con un haiku bien cocinado.

Georges René Weinstein

03/25/2015