32 – Jonatan Echeverri Londoño

A propósito de Woyzeck

Nací en Caldas-Antioquia el 26 de julio de 1989. Después de abandonar los pupitres me dediqué exclusivamente a escribir; mejor sería decir que me dediqué exclusivamente a no hacer nada y, de cuando en cuando, a escribir. Aun así, he publicado tres libros. En el 2014 recibí el Premio Nacional Ciro Mendía con el poemario La Corbata de Nerval que, por fortuna, ya no existe, al menos entre mis cosas. En el siguiente año obtuve el Estímulo al Talento Creativo en la modalidad cuento con el libro Consideraciones del Polvo. En el 2017 publiqué Krakatoa, libro que insiste en las obsesiones del anterior: el anonimato, el absurdo, la ausencia. Los seres que giran en torno a un mundo inarticulado constituyen aquello que, para mí, decide la escritura: el asunto de la marginalidad. En el presente libro, A propósito de Woyzeck y 7 caprichos, sustraigo, bajo la forma de poemas en prosa, la consecuencia poética de dicha marginalidad. El hombre dominado por su propia condición de hombre, condición que va de lo prehistórico a lo mítico, de la magia a la poesía, del poema a la prosa. Actualmente trabaja en tres títulos: Colección de Harapos, Mis mujercitas las naranjas y Honey o Jonei.

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Fragmentos de
A propósito de Woyzeck

Ven, Irene, no aguanto más. He despertado demasiado pronto y ya no puedo dormir. Si al menos tu almohada fuera mi almohada, si mi sueño compartiera sábanas contigo, si los tambores sonaran para los dos. Solo tengo por cama las altas hierbas; mi nana es el cansancio; mi lámpara de noche, la incertidumbre. No aguanto más estos zumbidos. Y tú que cantas, cómo cantas, ni durante el parto dejabas de cantar: nuestro niño nació del canto. Ya no puedo verlo sin pensar que su rostro es un reproche divino. Tanta vida en un pobre condenado. Qué digo, Irene… El hombre ha nacido para beber, mira cómo el niño se agarra de tu seno, para besar también ha nacido, y qué difícil es desprenderse de un beso.

Tiemblo. Mis manos se preguntan e intentan en el aire descubrir una forma. Inquietas, mis manos recuerdan que alguna vez se juntaron con otras manos y, como insectos que copulan, se quedaron así, aferradas, llenando cada dedo un vacío, y diez dedos celebraban su abrazo. Y ahora tiemblo, no sé qué dios nos ha dividido y, sin embargo, tú, Irene, no eres una cigarra. Tampoco sé del momento en el que la Historia cortó conmigo: de ese divorcio nació este silencio: mi angustia es esa herida que se abrió en la transición del presente eterno a la Historia, del sueño y la poesía al discurso; mi angustia es la de una palabra jamás entendida. Por eso cuando te nombro, Irene, tu vida viene a salvar la mía, destrozándola: tu nombre es el regreso al vientre, a la dulce placenta del sueño.

Hoy es domingo, bajo tierra se revuelcan los masones. Los pobres bailan, los artesanos, los soldados bailan, todo el pueblo baila. Y tú, Irene, ¿bailas? ¿Por qué no apaga dios el sol de un soplo y que todos se revuelquen en lujuria, macho y hembra, hombre y bestia? Mis dos corazones no resisten esta música. Y qué labios, Irene, qué labios, cómo sangran y cómo se beben a sí mismos. ¿Con qué dinero podría al menos olerte? Mi dieta es de guisantes y mi cabeza un solo pensamiento. ¿Con qué dinero podría al menos comprar la horma de tu seno? Voy a mear en forma de cruz, quizá solo así los ángeles me escuchen. Hoy es domingo, los masones chillan bajo estos pastizales; más allá del río lo edificios humean; en la taberna soldados y rameras ruedan, ruedan, y el sudor se mezcla con el ron y la cerveza. Pero ya se acercan las sombras de las hienas que callan a los perros.

El libro puede conseguirse contactando al autor:
Facebook: Jonatan Echeverri
E-mail: xjonatan@hotmail.es
Cel: 31070016964

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