34 – Georges Weinstein Poesía

2020, cinco conmemoraciones y seis poemas

8 de marzo, día mundial de la mujer

¿Un solo día?

Sí todos los días los hombres, los niños…
la invocan, la aman, necesitan de ella.

Apenas duerme unas horas,
pero todos aguardan una solución
a la medida de ella, la que conoce todo,
la que organiza, la que resuelve,
¡la que sabe cómo son las cosas!

¡Mujer! que, a pesar del cansancio,
siempre guarda una sonrisa
–y su tiempo– para decirnos:
¡te quiero… te amo!

22 de marzo, día mundial del agua

Triste río

Dabeiba se prendó del cerro
y sedienta le robó una lágrima;
y luego… muchas,  muchas más.

La charca desbordada,
-como serpiente huyendo-
abrió sus fauces y entonces…
huellas, hondonada y lecho,
riberas, valle y río madre.

Así fluyó la historia:
peces… trepidando
en sus esteros y meandros;
revoloteo de ojos vigilantes
en las frondas y la hierba;
alas de seres migratorios
en los juncos y tallos florecidos;
gritos de conquista 
y lamentos aburraes;
voces de pescadores
y troncos aserrados
sobreaguando el cauce propicio.

Ahora: ¡NADA!
La vaguada
como un estéril cauce
sin riberas ni dolientes,
ni remoto testimonio,
ni zanja que lave las heridas.

Desde Caldas al Ancón del norte
se desdeña su silueta,
–¡trazada por libélulas!–
y ausente de nosotros
fluye triste, aniquilado,
como las conciencias
que lo ignoran.

¿Ha de regresar un día…?
Quizás no importe,
¡siquiera, la pregunta!

2020, año en que el Humano
aplazó la sexta extinción

Virus, ¡y las cosas pequeñas!

Apareció de repente,
como si nunca hubiese existido.
¡Mentira!:
casi tan viejo como los bichos
que dieron razón a la vida.

Razonable lo suyo
–igual que lo nuestro–:
amoldarse al paisaje,
a los seres que habitan
el agua y el aire,
y el barro propicio
del que surgimos los dos;
¡lo ha ensayado
por millones de años!

¡Supervivencia lo suyo,
sobrevivencia lo nuestro!

El virus, ahora, nos ha sosegado
y salvaguarda a La tierra:
obliga a juntarnos,
–¡sin el roce de manos!–
a los que compartimos
una misma puerta y su llave:
recluidos en la jaula íntima,
–colgada en una calle cualquiera
y marcada con símbolo propio–
el juego que ahora nos toca.

Solo nos distancian dos metros;
y al ocultar la nariz y la boca
quedan visibles los ojos,
para desear abrazarnos.

Lo primordial no son los cuartos:
las repetidas y frías baldosas
que tantas veces miramos,
las retocadas paredes y el techo
que quiere caernos encima,
!son nuestras alas!
–ahora plegadas
por el desmedido suceso–
que vislumbran abrirse
y volver a volar:

¡no importa la fecha,
¡no existe prisa!,
¡fuimos hechos de tiempo!

Poema en construcción

Un retazo de ADN antiquísimo
sin pretensión de otra cosa: ¡solo era eso!

No hubo señal, ni sospecha siquiera,
se desbordó de repente,
y algo habría de pasar, ¡y pasó!

Llegado el momento los doctores
tendrán que escoger, ¡y lo harán!
con tecnología y diagnósticos.
Todo escasea, pocos renglones y tinta:
la lista la encabeza aquel sabio
que se adentró en los setenta;
un deportista que todo lo arriesga
tras una quimera, o acaso ninguna;
un millonario que muestra balances
y nadie se asombra, !aquí todo es gratis!;
un labriego que marcha al llamado
del alba, y recoge los frutos de todos;
el rostro sensual de una joven que incita,
al enigma al que apuesta la vida;
una madre que aprieta los brazos
y aferrados a ellos sus hijos.
El tiempo baraja y reparte las cartas:
cada conciencia tendrá sus razones
y uno de ellos será el elegido;
algo en extremo difícil, ¡supongo!

El hombre detuvo su marcha un instante;
¡y las cosas no giran como antes!;
al planeta reconfortan los cambios,
se sacude –y oscila– sin salirse de órbita.

¡Caminar!, el ritual olvidado
que otros seres ahora retoman.
En el fondo que muestran las aguas,
los peces ostentan sus colas y lomos
–azul-plata– brillando en las tardes.
En una avenida, y frente a una vitrina
una boa levanta su cuello y observa,
los diseños que exhibe Versace.
Ateridos danzan, unos pingüinos,
en Sol mayor, por una calle sin nombre.
En una esquina un felino detiene la marcha,
ante el ruido que producen sus huellas.

Ningún  Armagedón o Leviatán fantasioso,
es la sobrecarga que no soporta la Tierra.
Ahora nada es real, ni tiempo de hablar,
las ideas afloran, sin ser claras ni lógicas.

La predicción del club Roma
vuelve a cernirse y plantea el dilema:
¿”pronto, cualquier nacimiento
de humanos, será cuestión de sorteo”?

¡Los últimos muertos cargarán
su ataúd!, sin plegarias ni flores.
Los deudos tras una tela en la boca:
oculto su afecto, ¡y perplejos los ojos!

22 de abril, día de la Tierra

Ingenua tierra

Soy un diminuto rostro azul,
cuyas mejillas susurraron gotas de agua,
generando vida y movimiento.
Soy la madre que produjo el germen,
y la amante sustentando el árbol
que sin piedad horadará mi vientre:
¡Soy la Tierra que
dio refugio al animal bizarro!

Dudando en concebir al hombre,
lo acogí sin sospechar
que sería enemigo de sí mismo.
Convertido en viajero y trashumante,
vulneró los bosques y montañas,
las islas y sus mares.

Postrado y reverente ante los astros,
y osado y furtivo entre las cuevas,
¡grabó siluetas de sus sueños
a la luz de las hogueras!
creyó ver formas en las piedras
y vertió su esencia en monumentos.

Habiendo adquirido la palabra
se impregnó de seres implacables,
que encarnados en sumos sacerdotes
legaron el fuego inquisidor y la sevicia.

Ahora pretenden los humanos
ser semejantes a los dioses
y arrasarán con la existencia
para reunirse en las estrellas.

Les di cobijo con amor de madre
y me han aniquilado,
obligándome a dudar
de mi presencia
¡y de la suya!
        (de Eternos emigrantes)

23 de abril, día del idioma

Sentimientos

Ella revive
cada vez que se consume
herida por el fuego,
y al titilar la llama
agota su existencia.

Él la mira tenso
y desde ya lo atemoriza
no saber toda la historia,
si se extingue
la luz que lo ilumina;

enfrente, un libro abierto
y el frenético deseo
de llegar al desenlace,
y sentir el grandioso placer
de su lectura, en esa noche
bordada con palabras.

Él se aflige por la llama,
jamás porque la vela se derrita.

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