34 – Helena Restrepo Vélez

Nacida y residente en Pereira, adoptada por Medellín durante casi 40 años. Médico y cirujano de la Universidad de Antioquia. Libros publicados: Nacer de nuevo (poesía, 2014), Historia de un libro (relato autobiográfico, 2016), Eva se enamora de un fantasma (Poesía, 2018). Poemas y otros textos publicados en revistas nacionales como Puesto de combate, Ulrika, La Musa Sonámbula y las2orillas. Antologías internacionales: Tejedoras de luz (México, 2014), Retos poéticos (España, 2017), Ave Verbum (España, 2019). Participante en eventos poéticos nacionales: Nadaísmo en todaspartes del eje cafetero, Festival alternativo de poesía de Medellín, Carnaval de poetas de Pasto, Jornadas internacionales de literarias Andrés Bello – JILAB; internacionales: XXII Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes.

Helena estuvo en la tertulia de la revista: Plumas y Voces, como autor invitado, en septiembre de 2014, en El Café de la Piloto.

A Cortázar

He vuelto a recrearme en tu paisaje
de sombras y perfumes y de nada,
y noto que no alcanza mi pasaje
para algo más que un roce a su fachada.

No es la primera vez que emprendo el viaje
y quedo por tu verso alucinada.
Y pienso que mi tímido homenaje
es simple superficie desquiciada.

Te leo y no comprendo por qué escribo,
no entiendo para qué, si lo que has hecho
sostiene todo y nada en ti cautivo,
y logras dibujar hasta mi pecho.
Escribo, sin embargo, para olerte
con letras, puede ser que tenga suerte.

A María Zambrano

Cuando desciende la Aurora
y copula con tu mente
nace la razón sentiente
y en tus palabras se explora.
El instante, sin demora,
atraviesa la intuición,
viene la revelación
y en tu boca es poesía
plena de filosofía
o poética razón.

A Violeta Parra

Volviste a los diecisiete
después de vivir tu vida
de una manera aguerrida
como si fuera un juguete.
No hay un verso que complete
los porqués ni habrá respuesta,

nunca tu palabra enhiesta
se permite algún doblez.
Bendita sea la embriaguez
que deja tu voz de fiesta.

Tu paso retrocedido,
tu voluntad, tu condena,
afirma tu alma serena
y deja un leño encendido.
Tu canto es un dulce nido
donde otras aves del cielo
de oído levantan vuelo
y su trino nos alumbra.
Sobre tus alas se encumbra,
del amor, todo el anhelo,

“como el musguito en la piedra
ay, sí, sí, sí”

A don Vicente Espinel

Traigo una flor de papel
pequeña y descolorida
para celebrar la vida
de Don Vicente Espinel.
Con su invisible cincel
talla la forma y modela.
El legado deja escuela
y aligera nuestra mano,
por eso no ha sido en vano
su apellido en la Espinela.

Todos le debemos eso,
pero yo le debo más:
un recuerdo a su compás
y, entretejido, algún beso.
Mi cerebro, que anda espeso,
insiste con esta flor.
Si carece de valor,
no importa; mi recompensa
gira hacia atrás, es la inmensa
gratitud por un amor.

Pandemia

Ahora, que el camino es hacia dentro
-un virus con corona nos encierra-
y nos pone a temblar sin epicentro,
parece que se limpia nuestra tierra.

Ahora, que la soledad se siente
en nuestro corazón y su latido
es un grito melódico y silente,
parece que afinamos el oído.

Aplazamos la vida y el amor
fugaces como el brillo de la flor.

Ahora, y en la hora de la muerte,
amemos. La fragilidad nos muestra
que un instante feliz es media suerte
y otra media, la pena, si amaestra.

Ojos de río

Qué terrible y bendita condición
esta vulnerabilidad a la belleza.
La superficie y lo profundo se funden.

Unos ojos de río te contemplan
y están dentro.
Vos, sumergida en su torrente.
Nadás en contra
por el placer de estar y resistir
o, agotada, te dejás llevar
y las piedras
inocentes y duras
te recuerdan
tu vocación de tierra firme
de cauce de los ríos.

De revés

Mercurio está retrógrado y me afecta.
Perdonen si razono con los pies,
todo está de revés
en mi tierra imperfecta.
Intento día a día alzar el vuelo
y soñar como sueña un soñador
con un mundo mejor
pero, como gallina, a ras de suelo,
apenas cacareo y me consuelo.

Mi enfermedad

Enfermizo, tal vez, será escucharte
y anticipar la próxima respuesta
y sonreír de amor y sin alarde
porque de nada sirve que te sepa,

y en este punto asoma alguna lágrima
que quisiera evitar – mala costumbre:
negar que el tiempo duele o la distancia
es robarle a la espina su perfume –.

Un día dejaré las confesiones
y escribiré nomás sobre los otros
-me digo cada rato y no he podido-.
Confieso mi alegría, mis temblores,
mi enfermedad de vos y que te toco
con un dedo en el mouse, maldito vicio. 

Sanar

Le agradezco la receta
de una fe sin esperanza.
Su palabra da confianza
aunque no sea mi meta.
Mi corazón de poeta,
masoquista, lo confieso,
ya no se ocupa de eso.
Sanar se sobrevalora
-dice- y goza la demora
en curarse de su beso.

Y según la homeopatía
la toxina también cura
a bajas dosis -no pura-,
entre comidas y fría.
Si en eso usted no confía,
asumo la consecuencia.
Investigue, hombre de ciencia;
perder también es ganar.
La clave es quizá ensayar
hasta dar con la frecuencia.

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