34 – Manuel Muñoz

Si yo fuera juez o magistrado*

Si fuera investido de la calidad de fallador colocaría la Constitución Política encima de mi escritorio y la consultaría siempre en relación con la materia a la que se refiere el conflicto que he de definir. Lo mismo haría con los tratados internacionales sobre derechos humanos y con los principios generales del derecho. Finalmente, examinaría la ley correspondiente al asunto sub-júdice y la interpretaría a la luz de estos tres tipos de instrumento, procediendo luego a definir el caso sin apartarme de esta perspectiva.

Desde luego que si yo fuera juez o magistrado me ubicaría en un escenario de superior jerarquía y me preguntaría: ¿Los hombres deben estar al servicio del Estado, o el Estado al servicio del hombre? Como no soy falangista, fascista, nazi ni mucho menos sionista, la respuesta no se dejaría esperar.

Mis convicciones democráticas me dicen que, como lo enseñó muchas veces El Libertador, para que se justifique el Estado tiene que ser un instrumento al servicio de los hombres, destinado a la busqueda de la felicidad de los pueblos, a su bienestar. Entonces, leería con mucho detenimiento, · hasta vivenciarlo, el artículo 2°. de la Carta Política que trata de los fines del Estado.

Como soy un convencido de las ideas democráticas, no me las daría de “procesalista” para enredarle a los ciudadanos sus derechos sustanciales, hasta arrebatárselos. No utilizaría los procedimientos como mecanismo de opresión. ¡No! Me dedicaría a darle aplicación estricta a los principios de la administración de justicia consagrados en el artículo 228 de la Carta Superior, y garantizando los mojones fundamentales del debido proceso relacionados con la publicidad y controversia de la prueba, haría prevalecer la sustancia del derecho sobre la manigua enajenante de los formalismos.

Si yo fuera juez o magistrado tendría como “gente de bien” a quienes aman a la patria, no a quien permite que la hollen y maltraten; a quien crea y socializa la riqueza, no a quien privatiza y destruye; a los trabajadores y empresarios productivos, no a quienes lanzan a los trabajadores a la calle y quiebran las empresas en el proceso especulativo; a quienes aman la vida, no a quienes la aniquilan; a los campesinos que siembran el alimento diario de los habitantes de esta Colombia amada, no a quienes desplazan y expropian a los campesinos.

Si yo fuera juez o magistrado indagaría dentro del proceso judicial por la condición social, económica y étnica de las partes en litigio, para conocer las fortalezas y debilidades de las partes a fin de “… Agregar peso en el plato más liviano de la balanza …”, esto es: ¡colocando el poder del Estado al servicio del más débil! ¡en obedecimiento al ineludible mandato del artículo 13 de la Carta Política, única manera de construir decisiones justas!

Y si la fuerza del Estado tiene que servir para equilibrar la balanza de la justicia, si yo fuera juez o magistrado no visitaría los clubes de los poderosos, ni recibiría regalos, ni donaciones ni prebendas; ni me bañaría en sus piscinas, ni comería en sus casinos ni haría negocios ni contratos con ellos, porque ello se me brindaría por mi condición de juez o magistrado, por mi investidura de fallador. Me avergonzaría aceptar esos señuelos, que, a todas luces, son indignantes para un administrador de justicia.

Ni pensar siquiera en aceptar salir con una sola de las partes sin la citación de la otra a examinar pruebas, documentos, sitios y lugares, aunque se me invitara con el pretexto de realizar una diligencia “privada”, porque esto haría nacer una impresión o conocimiento sesgado a favor de la parte que habla, juzga, opina, indica y señala sin la presencia de la otra. ¡Esto sería aún más lamentable, si la parte fuerte es la que invita al juez, o a los auxiliares de la justicia!

Si yo fuera juez o magistrado, me ubicaría a una prudente distancia de los abogados del dólar. ¡Y de aquellos que gustan colocar en la balanza de sus pleitos el apestoso ingrediente de sus influencias!

Si yo fuera juez o magistrado, actuaría de la misma manera como tiene que actuar el jurista y quien constituye el pilar fundamental del Estado social de derecho: Con el altísimo decoro que debe tener un administrador de justicia, y con el más absoluto respeto por la autonomía y la independencia del juez.

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* Como homenaje al ejemplar más puro de los ciudadanos que ha dado Colombia, Rafael Uribe Uribe, en el 88 aniversario de su muerte violenta, ocurrida el 15 de octubre de 1914.

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