23 – Crónica de Luis Tejada

El más allá

El otro día dije de un amigo que no había logrado encontrar aquella famosa tranquilidad goetheana, en cuanto al Más Allá y sus problemas torturantes. Ayer mi amigo dijo que el Más Allá no lo asusta, pero sí lo preocupa y “que no inquietarse por estas cuestiones no es signo de serenidad espiritual, sino más bien de pereza intelectual”. Quizá no fui comprendido: un espíritu eminentemente curioso, Goethe, por ejemplo, sólo podría alcanzar aquella tranquilidad ideal después de haber pasado por agudas inquietudes; esa tranquilidad, que puede ser en el sentido del escepticismo o de la creencia, es precisamente la convicción íntima y firme a que se llega después de personales investigaciones metafísicas.

Uno puede estar tranquilo espiritualmente, creyendo en el infierno de lleno, o no creyendo de lleno en él, porque así es posible fijarse una regla segura de conducta conforme a esa creencia. Pero no llegaremos a tranquilizarnos nunca si no abocamos desde un principio el problema con valor, si estamos creyendo un día en que sí existe y otro día en que no, o que tal vez o que quién sabe. Y eso es lo que sucede a mi amigo.

El Más Allá es evidentemente un espantajo terrible. Pero, yo creo que está más cerca de lo que se piensa; está dentro de nosotros mismos. Por eso quizá nos hemos tardado tanto para descubrirlo.

El Espectador, “Gotas de tinta”, Medellín, 6 de noviembre de 1920.