26 – Editorial

Paz y reconciliación

Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso

El reciente viaje del papa Francisco a Colombia significó un acontecimiento de trascendencia histórica. Especialmente por el significado de sus actos y sus palabras en favor de la reconciliación de los colombianos. Vivimos en una sociedad que por efecto de la violencia y de la guerra se ha enfermado y se ha polarizado al máximo. Básicamente se han formado dos bloques enormes, casi por mitades: quienes quieren modernizar la cultura, las estructuras y la vida del país y la de los que desean continuar en el pasado o regresar a la horrible noche de estructuras caducas y autoritarias. Aunque se han dado pasos importantes de avance, todavía estamos con la cultura de la Colonia en muchos aspectos y ni siquiera las banderas democráticas de los comuneros, de Nariño y de Bolívar se aplican en la realidad. El problema de la tierra se concibe con la mentalidad de los gamonales y señores del pasado; sigue siendo una cuestión vital para el desarrollo del país. La libertad, igualdad y fraternidad son un simple enunciado y los derechos de las minorías se pisotean. Los conflictos grandes y los pequeños y simples se dirimen por la fuerza de las armas. El odio en lugar de la sangre corre por las venas de algunos dirigentes y nos enfrentan a unos contra otros.

Por eso fue vital oír palabras de reconciliación en un líder religioso como Francisco, que ha entendido las necesidades del mundo de hoy. 

Fue saludable oírlo en Villavicencio decir: “Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto. Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz. Es necesario que algunos se animen a dar el primer paso en tal dirección, sin esperar que lo hagan los otros.” Agregó: “¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona! Esto no significa desconocer o disimular las diferencias y los conflictos. No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia.” Y fue enfático cuando dijo  “que la reconciliación, por tanto, se concreta y consolida con el aporte de todos, permite construir el futuro y hace crecer la esperanza. Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación será un fracaso”.

Que este espíritu se propague, que vaya poco a poco cambiando y sanando esta sociedad enferma y que podamos llegar algún día a vivir en forma civilizada y no en la barbarie.

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Continuamos nuestra quijotada con este número 26 de Gotas de tinta.

José Felipe sigue contando sus historias, que hacen parte de lo que unas generaciones han vivido y soñado en este país. Hoy aparece su segunda crónica de la historia de su vida.

Alfredo Cardona Tobón, de la Academia de Historia de Risaralda, nos cuenta una historia familiar muy interesante.

En la sección de Literatura hay nuevos colaboradores y otros que ya han participado en ediciones anteriores. Muestran una literatura fresca y llena de vida. 

En la sección de Foto-arte, colaboradores habituales de la revista nos recrean con sus imágenes llenas de contenido y de mensajes muy valiosos.

En la sección de Opinión, hay unos colaboradores que vienen desde hace tiempo y Cristina de la Torre nos autoriza para reproducir una interesante columna sobre uno de nuestros problemas claves: el de la tierra.

Hemos rescatado una columna poco conocida de nuestro maestro Luis Tejada dedicada a Luis Vidales. 

En el Blog que aparece en el menú de la derecha, Edelmiro Franco, corresponsal de Notimex en Colombia, nos envía dos valiosas notas culturales.

Que gocen y disfruten este número 26 de Gotas de tinta.

Jairo Trujillo