26 – Luz Helena Giraldo Duque

LuzHelena

De la reunión de textos de Luz Elena, compaginada en el libro Herejías, buscamos resaltar algunos poemas que danzan en el horizonte del erotismo. Ella se ha comprometido con “el soneto” −con la obligatoriedad de la rima−. De ahí el uso continuado de tal consonancia terminal en la mayoría de sus versos. 

herejias

“El gusto por la escritura nació a muy temprana edad.  Mis escritos son empíricos, no tengo formación académica, ni tienen mis palabras languidez llorosa, ni serenidad ficticia, ni expresión refinada, ni tienen la factura impecable de los eruditos en la prosa o en el verso. Prefiero que la imagen llegue de la realidad, con el desenfado que nuestro siglo impone, cuando en algunos momentos la imaginación recorre los espacios siderales de la psiquis humana dejando que se manifieste la metáfora; en algunas ocasiones, irreverentes con la sensación el sabor del goce  y la pasión, sin barreras vulgarizantes ni moralistas, y en otras contestatarios en el bullir caudaloso del corazón y en la fuerza telúrica del cuerpo.

He escrito varios libros entre ellos: Obsesiones, Adviento, Saudades, Voces Noctámbulas, Aporías, Diáspora Erótica, Astillas, Escarceos y Herejías; este último publicado en el año 2001…”

 A primera vista

Te veo avanzar desde el collado
y mi entraña se torna conflictiva;
las garzas vuelan, blancas y emotivas,
como el deseo de mi cuerpo alado.
Amor latente que por ti suspira,
sígueme en silencio, paso a paso,
con esa urgencia que el instinto inspira,
de inclinar la cabeza en tu regazo.
Trato de olvidarme inadvertida,
sorda al dolor que aprieta con rigor la vida
de aquella joven que perdió sus pasos.
La oscura soledad me sobresalta
y es tan fuerte la lujuria que me abraza
que oigo latir mis senos bajo el raso.

Aporías

5

Se me llena el corazón de flores rojas,
otra fresca ilusión aroma ya mi huerto,
sembrado en suelo de marchitas rosas
y ebrio de otro licor está mi cuerpo.
Escucha cómo vibran solitarios
Los violines rosados de mis pechos,
la angustia que dejó tu amor cansado,
tuvo vida fugaz, sabor a helecho

13

La corriente enloquecida de mi río
hizo fallar tu corazón cobarde;
un esquimal que puede soportar el frío
no cuaja nunca en corazón que arde,
tenías temor de derretir tu hielo
en el hogar encendido de mi cuerpo
esa boca asombrada de nublado polo
se quemaba en el ascua de mis besos.
En mi nostalgia de temblores ciegos
no quiero que tus labios fríos
vuelvan a besar los labios míos
ni que tus manos vuelvan a rozar mis senos.
Si bien extraño la caricia ausente
en la prisa pasional de mi desvelo
no tengo sitio para ti en la fuente.
Vete a los polos con tu amor de hielo.

Antropofagia

Antropófaga me siento
si desnudo te imagino,
prepotente, sobre el lecho.
Es un hambre de ti que me tortura,
una sed que estremece,
una ambición impura
de devorarte, así no más
trecho por trecho.
Salvaje que se oculta en los helechos
para verte mejor,
anhelante y fascinada en el acecho,
pero me detiene el amor,
y también el interés
de gozarte más y más
en la cama, o en la alfombra,
en la arena, o en el agua,
o en el prado;
al aire libre,
bajo el sol o bajo techo.
Así te quiero yo:
Con alegría, con ansia,
¡con pasión, con desenfreno!
¡Y cuando toco tu piel
despierta el caribe de mi ancestro.
Antropófaga soy no me arrepiento.
Antropófaga por ti,
ciento por ciento.

Séptimo cielo

Seis etapas cubrirá mi grito interno
por el camino pignorado del futuro
en la angustia celestial de mi silencio,
para saciarme con tu amor impuro.

Quiero las seis, una por una,
y al mordisqueo de sus labios tensos
construir para ti, con gran ternura,
una cárcel de amor más fuerte que los hierros.

En mi lasciva ensoñación yo siento
tus labios hacer burbujas
cuando aprisionan con pasión mis pechos.
y en la íntima soledad de mi caliente alcoba
aspiro ver tu desnudez de luna
en cada marco de mis siete espejos.

Hereje

Deja ese mortal misoneísmo,
libera tus sentidos
Y entrégale a tu cuerpo
lo que quiere.
Apresúrate a gozar de tu erotismo
sin dejar el placer de ser hereje.

Mi queja

La pulpa de mi carne iluminada
y encendida de pasión a fuego lento
en horas silenciosas te esperaba
para fundirte en la fragua de mi cuerpo;
pero algo siento llegar
que ya no es mío, que tu alma se echó
a volar tras otro sueño
señalando el alcance de tu hastío
y aspirando las flores de otro huerto.

Godiva

Cabálgame nuevamente,
dame toda tu energía,
que mi alma goza en la tuya;
cabálgame fuertemente,
¡no importa que esté de día!
Que la pasión brote y fluya
en un continuo derroche
de espasmos y alegría.
Los amores como el tuyo
hacen cortos los caminos
y entre gemidos y arrullos
se confunden los destinos.
También quiero cabalgarte,
criolla Godiva encendida;
soy tu hembra ambivalente,
soy tu amante enloquecida,
sigue, mujer, en tus afanes,
sigue, mujer, en tu porfía,
cabálgame como anoche,
¡no importa que esté de día!

Al hombre innominado

Estoy cansada del sabor que dejas,
estoy cansada de seguir tu estrella;
estoy cansada de escuchar tus quejas
estoy cansada de tu amor sin huellas.

Alma desierta

Indecisión y temor a la querencia,
húmeda arcilla en que las lianas crecen,
locas raíces, plantas que perecen,
duna quemante, singular dolencia.
traje de invierno adorna tu presencia,
al espigas al viento no se mecen,
frio mortal el aire te enrarece,
porque dejaste evaporar su esencia.
Si despreciaste del amor los vinos
la vida te castiga, esparce sus arenas.
Saudades interiores señalan tu destino.
Y hoy eres, al final de tu camino,
Paraje umbrío en la pradera plena,
sin probar el dulzor de los racimos.

Yo fui

Yo te quise en las mañanas
y también en las horas de la tarde;
gocé la dulce paradoja de tus manos
de tus manos fuertes,
de tus manos suaves,
cabalgando por mi cuerpo entero,
en estancias de placeres inefables.
Y yo violé tu intimidad
y mordí tus labios que reportan fuego;
te palpé con deleite y ansiedad,
señalando al amor otro sendero.

Hereje

Deja ese mortal misoneísmo,
libera tus sentidos
y entrégale a tu cuerpo
lo que quiere.
Apresúrate a gozar de tu erotismo
sin dejar el placer de ser hereje.

Canto para ti

Te canto a ti varón alucinante,
a pesar de tus desplantes y desvíos;
porque tú eres el amor secreto mío,
te di mi corazón a cada instante.
Porque no tiene plural tu beso delirante,
con tu fuego interior yo desvarío;
porque en tus brazos se consume el ardor mío,
me torné muchas veces suplicante.
La estuosa majestad de tu bahía
yo la crucé embelesada en su oleaje,
y añoro, mi bien, todos los días,
Las delicias, sin fin, de tu mensaje,
que llenarán de placer las horas mías
con tus entregas de animal salvaje.