27 – Frank David Bedoya

Bolívar y el momento actual

Texto completo de la conferencia del historiador
Frank David Bedoya Muñoz
Biblioteca Pública Piloto de Medellín
16 de noviembre de 2017

 

El 17 de enero del año 1974 en la fría Bogotá, al pie del cerro de Monserrate, en la Quinta de Bolívar, nueve guerrilleros del M19 sin disparar un sólo tiro dominaron sin dificultad a pocos vigilantes, quebraron un cristal y se robaron la espada del Libertador.

Para ese momento, casi nadie en Colombia se acordaba de Bolívar, y mucho menos,  alguien se acordaba de una de sus viejas espadas. Desde ese robo en Colombia, la espada volvió a cobrar valor. Los guerrilleros dejaron un comunicado que decía: «Bolívar no ha muerto. Su espada rompe las telarañas del museo y se lanza a los combates del presente. Pasa a nuestras manos. Y apunta ahora contra los explotadores del pueblo». Se ha hablado mucho ya de los lugares donde guardaron la espada. Que la espada estuvo en la casa de León de Greiff, que estuvo en Panamá durante la invasión gringa, que después terminó en Cuba hasta que el M19 la devolvió. Hoy, cuarenta y tres años después, el M-19 no existe, los combates los cambiaron por la constitución neoliberal de 1991, y los explotadores del pueblo siguen gordos, aliviados y tranquilos.

Un equipo de investigación de la revista Semana publicó un estudio que llamó: “La ruta de la espada”, el final de esta crónica es más risible que heroico, digno de los relatos de Macondo:

“Al parecer la devolución de la espada fue una de las exigencias que hizo el gobierno a los dirigentes del M-19 para realizar la Asamblea Constituyente. A mediados de enero de 1991 Arjaid Artunduaga viajó a Cuba a traer la espada. Según cuenta, en la isla recogió el arma y con ella ingresó por Venezuela «en una operación sigilosa y clandestina porque no queríamos correr el riesgo de que nos robaran ese zuncho». El 29 de enero Otty Patiño y Laura de Pizarro visitaron la Quinta de Bolívar para coordinar los detalles de la ceremonia de entrega con la directora del museo, Diana Torres de Ospina. Antes de irse Patiño le preguntó a ella: «Oiga, ¿y este lugar sí es lo suficientemente seguro como para guardar la espada?». Dos días después, en una ceremonia que indignó a muchos de los militantes del M-19, Laura de Pizarro le entregó la espada, sobre una bandera de Colombia, a Antonio Navarro. Este se la pasó después a un grupo de niños, hijos de los comandantes del movimiento. Ese mismo día la espada fue llevada por orden del presidente César Gaviria al Banco de la República. Una persona que prefiere mantener su identidad en reserva se enteró que al día siguiente Francisco Ortega, gerente del Banco, llamó a Gaviria. Sin ocultar su preocupación Ortega le preguntó: «¿Qué hago yo con la espada de Bolívar?». La fuente dice que el Presidente le respondió: «Yo de usted lo único que haría sería guardarla muy bien para que no se la vuelvan a llevar». Hasta el día de hoy, según el Banco, la espada permanece guardada en una cajilla de seguridad”[1].

En el año 2012, yo, historiador bolivariano, desilusionado de este país, decidí marcharme para la República Bolivariana de Venezuela. Y como despedida presenté una conferencia qué titulé: “¿Por qué en Colombia nunca quisieron a Bolívar?”[2]. En esta conferencia expliqué cómo a Bolívar lo traicionaron en vida, luego, después de su muerte, cómo los godos se apropiaron de su nombre, cómo lo tergiversaron y cómo crearon una imagen reaccionara de él. También expliqué cómo lo olvidaron definitivamente. Hoy no voy a repetir esa conferencia, que dicho sea de paso, me ayudó a triunfar en la Revolución Bolivariana de Chávez. Hoy voy a ampliar dicha disertación sobre el difícil tema: “Bolívar y el momento actual”.

En varias ocasiones he manifestado que Colombia es la perfecta demostración de una de las principales tesis de la Historia del siglo XX de Eric Hobsbawm. Dice el historiador: “La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven”[3].

En nuestro país, a finales del pasado siglo XX, no sólo se olvidó a Bolívar, sino que la historia como elemento constitutivo de la identidad nacional se eliminó.

En el año 2015 cuando se celebraron 200 años de la Carta de Jamaica el profesor Juan Guillermo Gómez García publicó un libro sobre la memorable carta y añadió un amplio balance historiográfico de la Vigencia y memoria de Bolívar desde su época hasta hoy. Y allí, el profesor Juan Guillermo, refrendó para mí, las ideas sobre el olvido de Bolívar, que yo estuve presentando en mi aventura venezolana desde el año 2012.

Cito al profesor en algunos apartados finales de su libro que tituló: “La tábula rasa del Frente Nacional”:

“Si Venezuela ha conocido una saturación simbólica de la figura del Libertador, por parte del chavismo, en Colombia, sin haber una declaración oficial ni un complot  programático estatal ni partidista, se olvidó a Bolívar. Con el pacto del Frente Nacional los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, hicieron un pacto de silencio sobre el pasado […] Esta acción de represión del pasado, esta operación semiconsciente –al menos en un grado demostrable- ha dejado a Colombia sin rumbo. Se sustituyó el anclaje doctrinario o las ideas de los partidos en los fundamentos de una historia (y de una filosofía de la historia) por una planeación nacional técnica, desprovista aparentemente de caprichos populistas. […] El olvido de Bolívar, el olvido de la espada de Bolívar, el olvido de la significación de las luchas por la independencia, constituían una operación venganza contra un pasado ominoso. Nunca se dijo expresamente, nunca se aclaró por qué se dejó de recordarlos, de citarlos, de introducirlos en los currículos del kínder a la Universidad. […] Hoy nadie precisa en Colombia hablar de Bolívar ni contra Bolívar. Está ahí; como mudo, tieso, ausente. Se tiene una remota y vaga idea de su legado de liberación, de su legado republicano, de su legado de unidad continental y de su legado social; no desvela, no entusiasma, no hace rabiar. Lo va consumiendo, lenta, lenta, lentamente la indiferencia pública”[4].

Los únicos que no olvidaron a Bolívar en los inicios del siglo XXI en Colombia fueron las FARC. Y como es bastante conocido, en Venezuela en el siglo XXI, el resurgimiento de Bolívar llegó con el proyecto político de Hugo Chávez.

¿Cómo podemos definir entonces lo bolivariano en el siglo XXI?

En el ámbito de las ideas políticas lo bolivariano en América Latina y en el Caribe es un pensamiento circunscrito a los valores y a los estandartes que legó el Libertador Simón Bolívar a través de su gesta política.

Dado que las ideas de Simón Bolívar siempre estuvieron creadas para la necesidades políticas de un territorio continental definido y de un tiempo histórico que se ha transformado profundamente a lo largo ya de dos siglos, es necesario desglosar un conjunto de conceptos del pensamiento de Bolívar que transciendan las épocas y los espacios para que sirvan como una nueva tabla de valores para transformar la realidad política de Latinoamérica en el siglo XXI.

Las ideas de Bolívar ya no están raptadas por las oligarquías de los siglos XIX y XX, que hicieron un uso de ellas para toda suerte de “oficialismos”, que construyeron un Bolívar reaccionario y útil para todo tipo de discursos patrioteros que durante mucho tiempo escondieron y tergiversaron el legado revolucionario que él forjó.

El anhelo de lo bolivariano no está condicionado o está mucho menos dirigido por los productos de los circuitos académicos universitarios, ni por empresas editoriales o por todo tipo de aventuras librescas. Bolívar bien puede ser el tema de una biografía profesional, de alguna tesis universitaria (que de hecho ya no son muchas) o el tema de miles de libros de todo tipo que se han consagrado a perpetuar la memoria del Libertador; en fin, de todo lo escrito concerniente a él, que bien puede reconocerse como una tradición que ha hecho en miles de páginas un recuento de sus epopeyas, un sinfín de análisis interminables de sus obras, pero que no constituyen en suma lo bolivariano, -a pesar de que lo bolivariano también se nutre de la tradición escrita como es obvio-. Una cosa es escribir o leer un libro sobre Bolívar y otra muy distinta es crear un movimiento político bolivariano con una incidencia real en algún escenario social de América Latina.

En este aspecto literario quiero hacer un paréntesis con una breve mención a la obra El general en su laberinto de Gabriel García Márquez. He dicho innumerables veces: yo me hice bolivariano exclusivamente por la lectura de la novela El general en su Laberinto que realicé cuando tenía diez y seis años. Yo estoy casi convencido de que para las personas que hemos leído esta novela, Bolívar renació, allí vemos retratada magistralmente su gloria y su tragedia. Una de las formas más efectivas para comprender y conocer el alma de Bolívar es leyendo esta novela, leyéndola una y varias veces. Pero, lamentablemente, este tipo de experiencias, que primero son estéticas, y quizá luego sean políticas, ocurre sólo en una minoría de personas. ¿Sería bueno saber, por ejemplo, algún día, cuántos colombianos han leído El general en su laberinto?

Continúo con la pregunta: ¿Cómo podemos definir lo bolivariano en el siglo XXI?

Lo bolivariano en síntesis es una ideología política de algún colectivo, partido o movimiento social; ideología basada en las ideas de Simón Bolívar que han demostrado su universalidad y su posible aplicación en un proyecto social con alcances y estrategias definidas.

Es casi ya un consenso admitido que los conceptos propios de un pensamiento bolivariano son los siguientes.

  1. Unidad e integración latinoamericana y caribeña.
  2. Independencia y soberanía política absoluta.
  3. Antiimperialismo.
  4. Oposición frontal al modelo neoliberal burgués de occidente.

El proyecto bolivariano es en definitiva aquel que busca obtener el poder político para fundar genuinas repúblicas que aspiren alcanzar el mayor grado de equidad social y dirijan al continente por un nuevo sendero de solidaridad e integración de los pueblos sin antecedentes en el mundo.

Quizá la alianza de lo bolivariano con el desafío humano de la realización del socialismo sea el mayor aporte de la América al mundo. Lo demás –lo que ofrece todo tipo de derechas, ya lo conocemos: caos, consumismo, individualismo, egoísmo y destrucción-.

Lo bolivariano es un amor imperecedero a la libertad en todas sus acepciones. Lo bolivariano en el siglo XXI no oculta sino que por el contrario se enorgullece por enmarcarse en la esfera política de la izquierda y toma como antecedentes de su patrimonio histórico las gestas de José Martí, Ezequiel Zamora, Rafael Uribe Uribe, Emiliano Zapata, Augusto Sandino, Jorge Eliecer Gaitán, Salvador Allende, Manuel Marulanda Vélez, Camilo Torres Restrepo, Fidel Castro, Che Guevara, Hugo Chávez entre otros, todos ellos que de alguna forma continuaron en su momento con una lucha radical por la libertad latinoamericana.

Dada la complejidad del conflicto armado en Colombia, el Movimiento Bolivariano de las FARC fue clandestino y su agenda organizativa inicial fue en medio de la guerra, y por estas circunstancias no apareció como proyecto político con incidencia en sectores amplios de la población. Ahora después del acuerdo de Paz y de la fundación del nuevo partido político: FARC, es comprensible que todo el ideario bolivariano que han proclamado siga implícito en sus agendas, aunque explícito hasta ahora no, dado que en los estatutos del nuevo partido, no encontramos si quiera las palabras Bolívar o bolivariano.

Para esta conferencia, le pregunté a la FARC: ¿En su nuevo partido, en sus estatutos no se menciona a Bolívar ni, lo bolivariano; dado que han sido ustedes los únicos que han reivindicado a Bolívar en las últimas décadas en Colombia, seguirán invocando el ideal bolivariano? ¿Con el nuevo partido FARC se remplazará lo que se llamó Movimiento Bolivariano? Y ellos me respondieron: “Frank. El pensamiento de Bolívar es un pensamiento vigente. Hace parte del ideal de una Colombia nueva, de políticas de hermandad con los países vecinos y colaboración regional. El Movimiento Bolivariano, así como el Partido Comunista Clandestino Colombiano se han diluido en el nuevo partido. No es lo mismo”.

Bien son conocidas las prácticas políticas en Colombia, tan complejas y enmarañadas que difícilmente algunos sectores de la sociedad quieran abrazar como suyas y públicamente en el corto plazo una ideología bolivariana. Mucho menos en la actual coyuntura electoral, donde los sectores más reaccionarios han querido crear y fundar temor sobre el fantasma del “castro-chavismo”. Si existiese alguien que se arriesgara a hablar en estos momentos de lo bolivariano en Colombia con alguna aspiración electoral se aseguraría para sí una perdida colosal de votos, esto es una cuestión que no requiere mucha elucidación.

Una experiencia mayor, que ha logrado sortear no pocas dificultades, es la Revolución Bolivariana de Venezuela, que atraviesa una etapa candente en su aspiración de consolidar el socialismo después de la desaparición física del comandante Hugo Chávez, y superar las crisis que ha tenido que enfrentar Nicolás Maduro en sus años de gobierno. No hay que hacer muchos análisis para aceptar que grandes sectores políticos de la población venezolana hoy se conciben así mismos como bolivarianos, puesto que han logrado ya casi 20 años de su revolución y se identifican ante el mundo como bolivarianos sin titubear. Lo bolivariano en Venezuela es equiparado con el chavismo, y ya es un hecho comprobado que el chavismo no es una desviación de lo bolivariano sino una realización del mismo. Lo cual no demerita alguna posible crítica a las formas del gobierno bolivariano que está en el poder, personalmente vi y critiqué el burocratismo. O no se puede dejar de examinar que en lo económico son muchos los desafíos que hay que resolver. Y esencialmente reconocer que hay un imperio que ha atacado el chavismo y lo bolivariano en todas las formas posibles. Lo bolivariano en Venezuela no está acabado sino en movimiento. La guerra mediática en contra de la revolución bolivariana ha hecho que en Colombia no se vean las virtudes del proyecto bolivariano, sino que se ha prolongado una imagen infernal de este proceso. Estos logros sociales existen allá, yo los vi, los disfruté en tres años. Es por estos logros que la revolución bolivariana sigue en pie, a pesar de los problemas, y estos logros se han hecho reivindicando el nombre de Bolívar.

Hay un libro fundamental: Hugo Chávez. Mi primera vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Para mí esta obra es el documento biográfico más completo sobre Chávez hasta el momento. Acá encontré una clave para entender qué pasa con Bolívar en el momento actual en Colombia y en Venezuela.

Chávez dice en este libro:

 “Ésa era mi misión: darle contenido, en la psiquis del pueblo venezolano, a la prodigiosa invención de un país posible. Tenía que crear una utopía concreta. En otras palabras: crear el «mito Chávez», personal, para que el «mito Venezuela nueva», colectivo, emergiese. Y para que todo se transformara”[5].  

En un mundo globalizado, en un mundo de la imposición del neoliberalismo, el sistema logró no sólo borrar la historia como identidad constitutiva de los sujetos y de las naciones, sino que acabó con los mitos de cada cultura. Y quizá, el mayor logro de Chávez en el siglo XXI, fue que efectivamente fundó un mito de una nueva Venezuela. Mito realizado o no realizado hoy completamente, eso está por verse; pero varios millones de venezolanos, creen profundamente en ese mito, y en ese mito, gracias a Chávez, aún está vivo Bolívar.

¿Qué ocurre en Colombia? No tenemos ya ningún mito para construir Nación. Somos un Estado corrupto e instrumentalizado en el neoliberalismo salvaje, infectado de corrupción, donde la inequidad social sigue prevaleciendo. En un país sin historia. Y en una agenda política que aspira a la paz, pero, que en la reglamentación de las leyes, y el cumplimiento de los acuerdos de Paz, pareciera que la mayoría de los políticos quisieran es permanecer en guerra.

Y arriesgándome más, una autocrítica. En la izquierda, después de Jorge Eliecer Gaitán, no hemos encontrado un mito nuevo que nos una. Un mito político que nos permita cambiar el desastre de Estado que tenemos, y poder construir juntos una nueva Nación. En Colombia hasta los de izquierda ya nos da miedo hablar de socialismo.

Vuelvo a la espada de Bolívar, pero antes, quiero ir terminando esta conferencia, una vez más con unas cortas palabras del profesor Juan Guillermo Gómez García, cuando finaliza su texto sobre la Vigencia y memoria de Bolívar, cuando se refiere al olvido de Bolívar. Yo hoy quiero resaltar estas palabras y subrayarlas con todos los colores: “Pero [en Colombia] al despertar de esa pesadilla anacrónica, [a Bolívar] lo tendremos allí”.[6]

Ahora sí, la espada. Yo creo que la oligarquía colombiana está feliz de que en la Quinta de Bolívar no esté actualmente la espada original, sino una réplica. Están tranquilos, no porque la espada de Bolívar está a salvo en una bóveda del Banco de la República, lo que ocurre es que se están asegurando de que está bien enterrada, no sea que si se desentierra algún día, se vuelva a despertar su dueño convertido en un pueblo.

Muchas gracias.

Notas

[1] http://www.semana.com/especiales/articulo/la-ruta-de-la-espada/34708-3

[2] https://sites.google.com/site/bolivarynietzsche/home/-por-que-en-colombia-nunca-quisieron-a-bolivar

[3] Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, 1994.

[4] Juan Guillermo Gómez García, La carta de Jamaica 200 años después. Vigencia y memoria de Bolívar, 2015.

[5] Hugo Chávez: Mi primera vida. Conversaciones con Ignacio Ramonet, 2013.

[6] Juan Guillermo Gómez García, La carta de Jamaica 200 años después. Vigencia y memoria de Bolívar, 2015.